Casi todas las uvas que tomamos son accidentes. Dos plantas que estaban cerca, un insecto, un poco de viento, y cuatrocientos años después alguien le pone nombre al resultado.
El muskat ottonel no. A esta la hicieron a propósito, en un vivero francés, a mediados del siglo XIX.
Un moscatel para el norte
El encargo era claro: querían el aroma del moscatel en una planta que madurara pronto. Los moscateles clásicos piden sol y tiempo, y en los veranos cortos del centro de Europa llegaban verdes o no llegaban.
Lo que salió del cruce fue una uva de maduración temprana, de racimo compacto y de perfume más suave que el de sus parientes. Un moscatel domesticado, más fácil de cultivar donde hace frío.
La paradoja es que en Francia, donde nació, apenas se plantó. Se fue al este y ahí se quedó: Austria, Hungría, Rumanía, Moldavia. Es de esas variedades que son famosas a quinientos kilómetros de su cuna y desconocidas en casa.
No es el gelber muskateller
Conviene insistir porque el nombre engaña y en la tienda están los dos. El gelber muskateller es el moscatel de grano pequeño, una variedad antiquísima. El muskat ottonel es un cruce moderno que lleva moscatel dentro, pero no es él.
Al lado, la diferencia se oye. El muskateller es más floral, más nervioso y de acidez más alta. El ottonel es más suave, más redondo, con una nota de flor de saúco y de mandarina en lugar de la uva fresca. Más amable y menos insistente.
Por qué termina en los dulces
Porque madura temprano y tiene la piel fina, así que cuando llega el otoño junto al lago Neusiedl ya está lista para que entre la podredumbre noble.
Y porque su perfume aguanta la concentración. En un vino de vendimia tardía, donde el azúcar lo tapa casi todo, esas notas de saúco y cítrico siguen asomando. Por eso en el Burgenland hay tanta Auslese de ottonel y tan poco ottonel seco.

De dónde viene el nuestro
De dos botellas, y en una va solo.
La Muskat Ottonel Auslese de Tschida-Angerhof, en Illmitz, es cien por ciento de esta uva: 113 gramos de azúcar por litro, con maracuyá, flor de saúco, mandarina y miel. Es, además, el vino dulce más barato de la tienda, que lo vuelve la puerta de entrada obvia a toda esta familia de vinos.
La otra es el Markus Huber Kontrast, del Traisental, donde es una de las doce variedades del campo mezclado y aporta su parte de perfume a un vino seco.
Dónde sí, y dónde no
La Auslese, a 10 o 12 grados y en copa chica: postres de fruta, tarta de manzana, quesos azules suaves, foie. Con fruta tropical funciona especialmente bien porque comparten aroma.
Y es de los dulces que mejor acepta el picante suave. Con cochinita, con un curry o con cualquier plato agridulce, el azúcar y el perfume calman el chile en vez de pelearse con él.
Donde no lo pondría es con postres de chocolate muy amargo ni demasiado frío: por debajo de 8 grados el aroma, que es casi todo lo que ofrece, se apaga.
Por dónde empezar
Por la Auslese, sin dudarlo. Son 399 pesos por un vino dulce austriaco de verdad, y es la forma más barata de entender de qué va el Burgenland.
Y si quieres el ejercicio completo, ponla junto al Eiswein de gelber muskateller de la misma bodega. Dos uvas con nombre parecido, el mismo lago, el mismo productor, y dos vinos que no se confunden.



