En 1916, en Alzey, un fitomejorador alemán llamado Georg Scheu sembró una tanda de semillas y las fue numerando. La número 88 funcionó.
En Alemania acabó llevando su apellido: Scheurebe, la vid de Scheu. En Austria, en cambio, se quedó con el número de laboratorio, y hasta hoy se vende como Sämling 88, «plántula 88». Es de las pocas uvas del mundo que nunca llegó a cambiar su matrícula por un nombre.
Otro cruce mal contado
Scheu creía haber cruzado riesling con silvaner, que era lo que todo el mundo intentaba en esos años.
El ADN dijo otra cosa: el riesling está, el silvaner no. El otro padre es una variedad llamada bukettrebe. Es exactamente lo que le pasó al müller thurgau treinta años antes, con el mismo cruce supuesto y el mismo desmentido. Media viticultura alemana del siglo pasado creyó estar haciendo algo que no estaba haciendo.
A qué huele
A grosella negra, y no en sentido figurado. Es de las pocas uvas blancas con ese aroma, que normalmente asociamos a tintos de cabernet, y le da una identidad que no se confunde.
Al lado aparecen toronja rosa, flor de saúco y a veces un punto de nuez moscada. La acidez es alta, mucho más que la del muskateller o la del neuburger, y eso la vuelve nerviosa cuando es seca y sostenida cuando es dulce.

Por qué termina en los dulces del Burgenland
Porque junta las tres cosas que un gran vino dulce necesita. Se botritiza con facilidad junto al lago Neusiedl; tiene acidez de sobra para que el azúcar no empalague; y su aroma, que es intenso, sobrevive a la concentración en lugar de desaparecer debajo del dulzor.
Un Beerenauslese de sämling 88 huele a grosella y a saúco con 180 gramos de azúcar encima, y sigue oliendo a eso. No hay muchas uvas capaces de aguantar ese trato.
De dónde viene el nuestro
De Tschida-Angerhof, en Illmitz, en dos botellas distintas.
La Auslese es la que está disponible: un dulce de 750 mililitros y 7,5 % de alcohol donde el sämling 88 va con chardonnay y welschriesling. Es el saúco y la nuez moscada de esa copa.
Y está la Sämling 88 Beerenauslese, media botella de esta uva sola, que ahora mismo se acabó. Es la que hay que buscar cuando vuelva, porque es la única forma de oírla cantando sin compañía.
Dónde sí, y dónde no
De sobremesa, a 10 o 12 grados y en copa chica: foie, quesos azules, tartas de fruta, postres con cítrico. La toronja de la uva y lo amargo de una cáscara confitada se entienden muy bien.
Y con quesos de cabra curados, donde la acidez alta hace el trabajo que un dulce blando no podría.
Donde no funciona es con chocolate ni con postres más dulces que el vino. Y no lo sirvas helado: el aroma, que es la mitad de lo que pagaste, se apaga por debajo de 8 grados.
Por dónde empezar
Por la Auslese, que es la que está en la tienda, y sabiendo qué parte del aroma buscar: el saúco y la grosella son suyos.
Y si alguna vez ves un sämling 88 seco, pruébalo. Es un vino raro incluso en Austria, y con esa acidez y esa grosella no se parece a ningún otro blanco.


