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Müller Thurgau: el cruce que no era el que creían

Racimo de müller thurgau en la cepa

Foto: Austrian Wine

Durante cien años todo el mundo supo de qué estaba hecha esta uva. Lo decía su apodo, lo decían los libros y lo decía el hombre que la creó.

Y todo el mundo estaba equivocado.

Lo que Hermann Müller quería

En 1882, en la escuela de viticultura de Geisenheim, un investigador suizo llamado Hermann Müller se propuso algo razonable: juntar la calidad del riesling con una maduración más temprana, para que el norte de Europa pudiera hacer buen vino sin rezar por el otoño.

Cruzó, seleccionó y se quedó con una planta. Como venía del cantón suizo de Thurgau, la variedad acabó llamándose Müller-Thurgau: su apellido y su tierra.

Él creía haber cruzado riesling con silvaner, y de ahí salió el otro nombre con el que se vende, Rivaner: Riesling más Silvaner. Un nombre que es, literalmente, una suma.

Lo que encontró el ADN

Cuando por fin se le hicieron pruebas genéticas, el riesling apareció donde debía. El silvaner, no.

El otro padre resultó ser una variedad de mesa poco conocida, la madeleine royale. Así que el apodo comercial de esta uva nombra un cruce que nunca ocurrió, y se sigue usando porque para cuando se supo ya estaba impreso en demasiadas etiquetas.

Viñedos del Römerberg en Tattendorf, en la Thermenregion
Viñedos del Römerberg, en Tattendorf. Foto: ÖWM/Robert Herbst

Conquistó Alemania y luego cayó

Funcionó exactamente como su creador quería: maduraba pronto, rendía mucho y aguantaba el frío. En los años setenta llegó a ser la variedad más plantada de Alemania, por encima del riesling y del silvaner.

Y ahí empezó su problema. Esa generosidad la volvió la uva de los vinos baratos y dulzones que durante décadas fueron lo único que mucha gente conocía del vino alemán. La reputación del país se hundió con ella, y cuando Alemania se puso seria otra vez, el müller thurgau fue lo primero que se arrancó.

Hoy sigue siendo importante en Alemania y existe en Austria, Suiza, Italia y Hungría, pero en cantidades mucho menores y con otra intención.

A qué sabe

A flor, durazno blanco y una nota de nuez moscada que es su firma. Cuerpo ligero, acidez baja, alcohol moderado.

Bien hecho y con rendimientos cortos es un blanco fresco y perfumado, fácil de beber y sin pretensiones. Mal hecho es agua con azúcar. La diferencia la decide el viticultor, no la uva.

De dónde viene el nuestro

De una sola botella: el Markus Huber Kontrast, del Traisental, donde es una de las doce variedades vinificadas juntas, sin sulfitos y sin filtrar.

Es un buen sitio para encontrarla. En un campo mezclado nadie le pide a ninguna uva que cargue el vino sola, y una variedad con fama de blanda aporta lo suyo sin tener que demostrar nada.

Dónde sí, y dónde no

Con comida ligera y de diario: ensaladas, pollo, pescado a la plancha, quesos frescos, verduras. También con platos agridulces y con cocina asiática suave, donde la nuez moscada y la flor funcionan.

En una mesa mexicana, con tacos de pescado, con sopa de lima, con algo de aguacate. Nada de chile fuerte, que no tiene con qué.

Donde no funciona es con carne, con salsas pesadas ni con guardarlo: se bebe joven y bien frío, entre 8 y 10 grados.

Por dónde empezar

Por el Kontrast, que es donde está. Y con una idea en la cabeza: de las doce uvas de esa botella, esta es la única que alguien diseñó. Las otras once son accidentes que salieron bien.

Nuestros vinos de Müller Thurgau (Rivaner)

Lo que acabas de leer, en botella. Todos son de bodegas austriacas que importamos nosotros.