Esta uva ya tiene guía en la tienda, con otro nombre y en otro país. El sárga muskotály de Tokaj y el gelber muskateller de Austria son exactamente la misma planta.
Y aun así no son el mismo vino. Esta guía va de eso: de lo que cada sitio le pide a una uva idéntica.
El mismo nombre en dos idiomas
La coincidencia llega hasta las palabras. Sárga es amarillo en húngaro y muskotály es moscatel; gelber es amarillo en alemán y muskateller es moscatel. Dos países tradujeron el mismo nombre sin ponerse de acuerdo.
Debajo está el moscatel de grano pequeño, el muscat blanc à petits grains, una de las variedades cultivadas más antiguas que siguen en pie. Es la que huele a uva de verdad, por unos compuestos llamados terpenos que viven en la piel.
Lo que cambia es el oficio
En Austria la dejan brillar. Sale seca y ligera para el verano, y en el Burgenland llega a embotellarse sola como Eiswein: un vino de muskateller y nada más.
En Tokaj no. Aquí es una de las seis variedades permitidas de la denominación, ocupa una porción pequeña del viñedo y casi nunca va sola. Entra en la mezcla en proporciones cortas, y entra por la nariz.
Es el mismo papel que hace el petit verdot en un tinto bordelés, pero del lado del aroma en vez del color: una pizca que cambia el conjunto y que sola sería demasiado.
Por qué tan poco
Porque es intensa. Un Tokaji con mucho muskotály huele a perfume y pierde el sitio: el chabacano, la miel y lo mineral que definen a estos vinos quedarían tapados por la flor.
Además madura antes que el furmint, así que llega a la bodega cuando el resto todavía está en la planta, y se botritiza bien, que es el requisito para entrar a un Aszú. Poca cantidad, momento distinto, mucho efecto.

De dónde viene el nuestro
De las dos botellas dulces de Patricius, en Bodrogkisfalud, siempre acompañando.
En el Tokaji 5 Puttonyos Aszú va con furmint y hárslevelű. En la Noble Late Harvest Katinka, con esas dos y además zéta. Si en esas copas encuentras una nota de flor y de uva fresca por encima de la miel, es esta uva asomando.
Vale la pena saberlo porque es la misma que, en Austria, nos da un Eiswein entero. Tres botellas en la tienda, una variedad, dos maneras de entenderla.
Dónde sí, y dónde no
Como va siempre en vinos dulces, el maridaje es el de ellos: foie, quesos azules, postres de fruta, chocolate amargo, a 10 o 12 grados y en copa chica.
Donde más se nota es con fruta fresca de hueso, durazno o chabacano, porque el vino y el plato comparten aroma. Y con quesos de cabra frescos, donde la flor contrasta con lo ácido.
Donde no funciona es con postres muy dulces ni con nada demasiado frío: por debajo de 8 grados el perfume, que es justo lo que esta uva vino a poner, desaparece.
Por dónde empezar
Por la Katinka, que es media botella y la mitad de precio, y donde la parte floral se nota con más claridad porque el vino es más ligero.
Después el 5 Puttonyos Aszú. Y si quieres oír a esta uva cantando sola, el Eiswein austriaco: la misma planta, sin nadie que la acompañe.


