Cuenta la historia que a mediados del siglo XIX dos viticultores de la Wachau sacaron del Danubio un atado de sarmientos que venía flotando. No sabían de quién era ni de dónde venía, así que lo plantaron.
Lo que creció no se parecía a nada que tuvieran. Esa uva es el neuburger, y la anécdota es tan buena que da igual cuánto tenga de cierta.
Lo que dice el ADN
Lo que sí está comprobado es de quién es hija: del roter veltliner y del sylvaner. Dos variedades austriacas, cruzadas solas en algún viñedo, sin que nadie lo planeara.
Y aquí viene lo bonito, porque las tres están en la misma botella de esta tienda. El Kontrast lleva roter veltliner, sylvaner y neuburger entre sus doce uvas: los dos padres y la hija, plantados juntos y vendimiados el mismo día.
A qué sabe
A nuez y a almendra, sobre todo. Después pera, un fondo floral y algo de pan recién hecho si pasó tiempo sobre lías.
En boca es ancho y suave, de acidez baja y cuerpo medio o alto. Se parece más al pinot blanc que a cualquier otra cosa: un blanco de textura, no de perfume, que llena la boca sin ponerse tenso.
Esa acidez baja es, a la vez, su gracia y su problema. Lo vuelve amable desde el primer trago y poco resistente al paso del tiempo, así que casi todo el neuburger se bebe joven.
Dónde vive
En tres sitios de Austria y en ninguno más del mundo: la Wachau, donde dice la leyenda que empezó; la Thermenregion, al sur de Viena; y el Burgenland, donde también va a parar a vinos dulces.
Quedan unos cientos de hectáreas y la cifra lleva décadas bajando. Es una variedad en retirada, sostenida por productores que le tienen cariño y por los viñedos viejos donde nadie se ha puesto a replantar.

De dónde viene el nuestro
De una sola botella: el Markus Huber Kontrast, del Traisental, vino natural de doce variedades vinificadas juntas, sin sulfitos y sin filtrar.
No vas a poder señalarlo dentro de la mezcla, y tampoco hace falta. Lo que aporta el neuburger a un campo mezclado es exactamente lo que le falta a un vino de mucha acidez: cuerpo, nuez y una boca más ancha.
Dónde sí, y dónde no
Con platos de grasa amable: pollo rostizado, cerdo, pastas con crema, papas al horno, quesos semimaduros, hongos. La textura acompaña y la nuez combina bien con la cocción lenta.
En una mesa mexicana va con queso fundido, con una sopa de hongos, con unas enchiladas suizas. Y con cualquier cosa que lleve nuez o almendra en la salsa, por razones obvias.
Donde no funciona es con limón, con ceviche ni con chile: no tiene acidez de sobra para defenderse. Sírvelo a 10 o 12 grados, no helado, que es cuando se le nota la textura.
Por dónde empezar
Por el Kontrast, que es la única puerta. Y si al abrirlo quieres un ejercicio, piensa que en esa copa hay una uva que existe desde hace siglo y medio, que solo crece en Austria y que casi nadie fuera de ahí ha probado.
Vino de un atado de sarmientos que iba río abajo, o eso dicen.

