En la tienda el traminer aparece en una sola botella, y repartido: es la cuarta parte de un vino de tres uvas.
Y sin embargo sus huellas están por todo el estante austriaco. Si te gusta el grüner veltliner, el sylvaner o el rotgipfler, le debes algo a esta uva sin saberlo.
La misma uva con tres nombres
Traminer y savagnin, la uva de los vinos de velo del Jura francés, son genéticamente la misma variedad. El nombre viene de Tramin, en el Alto Adigio, aunque que naciera exactamente allí se discute.
El gewürztraminer tampoco es otra uva: es una mutación suya, de piel rosada y aroma mucho más intenso. «Gewürz» quiere decir especiado, y es el apellido que se le puso a la versión perfumada para distinguirla de la madre. En Austria conviven las dos y a la aromática la llaman también roter traminer.
La madre de medio viñedo austriaco
Aquí está lo interesante. En 2007, unos investigadores austriacos resolvieron de dónde sale el grüner veltliner, la uva emblema del país: es el cruce del traminer con una variedad casi extinta llamada St. Georgener-Rebe, de la que quedaba una sola cepa viva en el Burgenland.
No es el único. El sylvaner es traminer cruzado con Österreichisch Weiss; el rotgipfler, traminer con roter veltliner. Y al sauvignon blanc se le atribuye un cruce natural de traminer y chenin blanc, lejos ya de Austria. Es una de esas uvas fundadoras que aparecen una y otra vez en los árboles genealógicos.
Lo que hace en la copa
El traminer sin apellido es más contenido que el gewürztraminer, pero va por el mismo camino: rosa, lichi, jengibre, fruta de hueso. Acidez más bien baja y cuerpo de sobra, que es justo lo contrario del riesling.
Por eso rara vez se embotella solo en Austria y sí aparece acompañando: pone perfume y textura donde otra uva pone nervio. Es un papel secundario que se nota mucho.
De dónde viene el nuestro
Del Fruit Loops Weiss de Claus Preisinger, en Gols, donde es el 25 % junto a un 50 % de scheurebe y un 25 % de riesling. Las tres uvas más perfumadas que tiene en el campo, metidas en la misma botella a propósito.
El racimo entra entero, fermenta por vía carbónica cuatro días y pasa siete con las pieles. Después, ocho meses entre huevo de concreto y barrica grande usada. Sale turbio, con durazno, lichi y ralladura de toronja, rosa y jengibre, seco pero de fruta muy abierta, y con once grados nada más.
Dónde sí, y dónde no
Es el vino de la casa que mejor aguanta el picante, y en México eso no es poca cosa: cochinita, tacos al pastor, curry, cocina tailandesa, platos con jengibre o con limón. El perfume y la textura sostienen lo que un blanco tenso no sostendría.
Donde no es con pescado delicado ni con ensaladas sencillas, que desaparecen debajo. Sírvelo entre 10 y 12 grados.
Por dónde empezar
No hay más que una botella con traminer, así que el Fruit Loops Weiss es el principio y el final. Por suerte es también de los más divertidos de Preisinger.
Si lo que buscas es el perfume y no la mezcla, los caminos cercanos son el gelber muskateller y el muskat ottonel, los dos con guía propia, y el scheurebe, que en este mismo vino lleva la voz cantante.

