Si te sirven una copa de frappato sin decirte qué es, lo más probable es que digas que es un rosado oscuro.
No lo es. Es un tinto, y uno de los pocos del sur de Italia que se puede servir fresco sin que nadie se lleve las manos a la cabeza. Crece en un rincón del sureste de Sicilia y casi en ningún otro sitio del mundo.
Una uva de un solo sitio
La primera mención escrita es de 1760, en la provincia de Ragusa, que es exactamente donde se sigue cultivando hoy. No se extendió. En toda Sicilia hay menos de mil hectáreas, y fuera de la isla es una rareza de coleccionista.
Los análisis de ADN apuntan a un parentesco directo con el sangiovese, la uva del chianti, aunque el otro progenitor sigue sin identificarse. En la copa el parecido no se nota: el sangiovese es firme y de tanino presente, y el frappato va por el camino contrario.
Lo que hace en la copa
Color rubí claro, casi transparente, de los que dejan ver el fondo de la copa. En nariz, fresa, cereza roja, granada y flores, con pimienta y hierbas secas detrás. En boca es ligero de cuerpo, de tanino fino y acidez alta, y se acaba limpio.
El alcohol se queda entre doce y doce y medio, que para un tinto cultivado a esa latitud es poco. Esa es buena parte de su gracia: es un tinto de verano, de comida, de beber dos copas sin que la tarde se termine ahí.
La mitad de la única DOCG de Sicilia
El Cerasuolo di Vittoria es la única DOCG que tiene Sicilia, y su fórmula es fija: de 50 a 70 % de nero d’avola y el resto de frappato. Uno pone el cuerpo y el color, el otro el perfume y la ligereza.
Pero el frappato también se embotella solo, y ahí es donde se ve de qué es capaz. Arianna Occhipinti lo describe como ácido, sanguíneo y elegante, y hace cuatro distintos según la contrada de la que venga.

De dónde viene el nuestro
De seis botellas de Occhipinti, en Vittoria. En cuatro manda él solo y la diferencia entre ellas es el suelo: Il Frappato viene de viñas de treinta y cinco años y es el más directo; Bombolieri sale de quince centímetros de arena blanca sobre roca y es el más afilado; Fossa di Lupo, de caliza parda, es el más firme; y Pettineo, de viñas de setenta años sobre sesenta centímetros de arena roja, es el más perfumado de todos.
En las otras dos va acompañado: el 70 % del SP68 Rosso, con nero d’avola, y la mitad del Grotte Alte, que es el Cerasuolo di Vittoria de la casa.
Dónde sí, y dónde no
Con pato, aves a las brasas, pastas con jitomate, hongos y charcutería. Con cocina mexicana funciona mejor de lo que parece: pollo en mole verde, tacos al pastor, pescado a la talla, tinga. La acidez y el poco tanino le dejan entrar donde un tinto con cuerpo estorbaría.
Donde no es con carnes muy grasas ni con guisos largos y pesados, que lo aplastan. Y sírvelo entre 14 y 16 grados, es decir, veinte minutos en el refrigerador antes de abrirlo. A temperatura de cuarto de la Ciudad de México pierde la mitad del perfume.
Por dónde empezar
Por el SP68 Rosso, que es el más barato de los seis y el que mejor explica de qué va la casa. Si te gusta, sigue con Il Frappato, que es la uva sola y sin madera.
Los de contrada, Bombolieri, Fossa di Lupo y Pettineo, déjalos para cuando quieras comparar tres suelos con la misma uva y el mismo año. Es el ejercicio más interesante que ofrece esta bodega.






